“Yo, Claudio”: un libro que hace historia

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Historia, Robert Graves, libro

Yo, Claudio: gran ejemplo de novela histórica

Uno de mis géneros de literatura favoritos, del que aún no he dejado constancia en mi blog, es el histórico. Cada vez que oigo hablar de un libro que cumple mis expectativas de novela histórica bien contextualizada con grandes dosis de situaciones personales vividas por los protagonistas de un escenario histórico, decido darle una oportunidad. Son muchos los libros y autores que, a lo largo de mis años de lectora, han dejado bien saciada mi curiosidad sobre momentos pasados con narraciones, a mi entender bien documentadas, contadas a través de las viviencias (algunas ficticias pero verosímiles) de los partícipes directos o indirectos de una época o acontecimiento real. Pero, sin lugar a dudas, un libro de estas características destaca sobre todos los demás: “Yo, Claudio” y su secuela “Claudio el dios y su esposa Mesalina” me han enseñado más sobre los inicios de la Roma imperial que cualquier libro de texto sobre Historia que haya estudiado o cualquier museo que haya visitado.

Robert Graves es ya para mí uno de los grandes de la literatura, puesto que es todo un maestro en recrear novelas con trasfondo histórico, y su trabajo para plasmar las intrigas sociales, políticas y humanas de una época tan compleja como es la romana en su etapa imperial, sin que chirríen datos o hechos es impresionante. Siempre me he sentido muy atraída por la civilización romana y cualquier película, serie o libro sobre ella han acaparado mi atención. He viajado dos veces a Roma y he contemplado con mis ojos la grandeza de esta civilización a través de sus edificaciones e infraestructuras. He intuido la magnitud de sus gobernantes, emperadores y senadores, a la sombra de las impresionantes ruinas de sus solemnes edificios y a los pies de las estatuas y obeliscos que les rendían tributo cuan dioses omnipotentes, pero sólo he comprendido realmente lo acontecido durante los primeros siglos de nuestro primer milenio en esta maravillosa ciudad a través de los ojos del emperador Claudio, o la interpretación que le da Robert Graves de sus memorias en “Yo, Claudio” y en su continuación.

La historia presentada por Graves narra en primera persona la vida que Claudio rememora siendo ya emperador de Roma. Este gobernador, perteneciente a la dinastía Julio-Claudia, asiste a las intrigas y revueltas de su familia que ve el asesinato como la mejor herramienta para lograr sus objetivos ya sean políticos o personales, pero logra mantenerse a salvo gracias a la creencia equívoca  de sus parientes de que sufre algún retraso mental, puesto que su tartamudeo, cojera y tics nerviosos camuflan la extraordinaria mente, analítica y despierta que en realidad posee Claudio.

Graves nos regala un relato íntimo pero perfectamente contextualizado de la vida de los cuatro primeros emperadores: Augusto, Tiberio, Calígula y el propio Claudio, con dosis de ficción histórica pero con muchas más dosis de datos reales en cuanto a acontecimientos bélicos y políticos, creencias religiosas, costumbres populares, escritores y estudiosos etc.

En definitiva, el mejor relato sobre la Antigua Roma que he leído nunca, donde la rigurosidad histórica se hace amena y humana gracias al retrato de sus personajes que se dejan llevar por las pasiones e intrigas propias del ser humano y que no puedo dejar de recomendar a los lectores más curiosos.

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